El manejo del arándano frente al Fenómeno de El Niño parte de una premisa clave: una misma señal climática no produce necesariamente el mismo impacto en todos los cultivos.
El Niño modifica el escenario ambiental: temperatura, humedad relativa, radiación, disponibilidad de agua o régimen de precipitaciones. Pero el impacto final sobre el cultivo dependerá de cómo esa señal interactúe con el territorio, la variedad, el estado fisiológico, la fase fenológica y el propio manejo agronómico.
La nutrición, el riego, la bioestimulación y la sanidad forman parte de ese manejo y pueden modificar la capacidad de respuesta de la planta frente a la presión ambiental, condicionando hasta qué punto el estrés termina afectando al rendimiento y a la calidad comercial.
¿Cómo afecta el Fenómeno de El Niño al cultivo de arándano?
El impacto del Fenómeno de El Niño en el arándano está asociado principalmente a alteraciones en los patrones habituales de temperatura y precipitación. Sus efectos varían según la región, la variedad y el momento del ciclo, pero pueden desestabilizar procesos esenciales para la productividad y la calidad del arándano.
Las temperaturas elevadas durante el invierno pueden reducir la acumulación de frío en las variedades que lo requieren. Incluso en variedades de bajo o nulo requerimiento de frío, el calor persistente puede alterar el equilibrio entre crecimiento vegetativo y reproductivo, desuniformizar la brotación y afectar la inducción y diferenciación floral.
El arándano es una especie especialmente sensible al estrés térmico y a las altas temperaturas. Temperaturas superiores a 32 °C pueden reducir el tamaño del fruto, favorecer su ablandamiento y provocar daños en la epidermis. Si estas condiciones coinciden con el desarrollo de las yemas, la floración o el cuajado, también pueden comprometer la viabilidad del polen, la fecundación y la formación de frutos. En sentido contrario, las heladas durante las primeras etapas de floración pueden provocar pérdidas de entre el 15% y el 40% de la producción.
Durante el llenado y la maduración, el aumento de la respiración y de la demanda de agua reduce los recursos disponibles para el crecimiento de la baya. Esto puede trasladarse a un menor calibre, pérdida de firmeza, mayor desuniformidad y una peor condición poscosecha.
El Niño también puede modificar el régimen hídrico. El exceso de lluvias y la saturación del suelo reducen la oxigenación radicular, dificultan la absorción de nutrientes y aumentan la presión de determinadas enfermedades. En otros territorios, la menor disponibilidad de agua y la mayor demanda evaporativa intensifican el estrés hídrico y térmico.
El estrés hídrico en el arándano puede generar además desequilibrios nutricionales y una menor absorción de calcio y potasio, elementos estrechamente relacionados con el desarrollo y la calidad del fruto. Cuando estas limitaciones se prolongan, sus efectos pueden manifestarse no solo durante el cultivo, sino también en la firmeza y el comportamiento poscosecha.
La magnitud de estas respuestas varía entre regiones productoras. En zonas de Chile, Perú y Marruecos, donde la escasez de agua y las altas temperaturas representan una presión creciente, los productores han avanzado hacia variedades más tolerantes al calor y ajustes en los calendarios de producción y cosecha. En regiones de clima templado, como Estados Unidos, Canadá, Polonia y Alemania, los episodios de heladas tardías y lluvias intensas durante la primavera pueden modificar los ciclos fenológicos y afectar especialmente a la floración y el cuajado.
Estas diferencias hacen necesario adaptar el manejo del arándano frente al Fenómeno de El Niño a las condiciones de cada territorio, variedad y fase fenológica, identificando qué tipo de presión climática está condicionando la respuesta de la planta en cada momento.
¿A qué presiones climáticas se enfrenta el arándano durante El Niño?
Identificar qué tipo de presión predomina en cada momento es fundamental para adaptar el manejo del arándano frente al Fenómeno de El Niño. Aunque pueden aparecer de forma simultánea o sucesiva, cuatro procesos concentran buena parte del impacto fisiológico sobre el cultivo.

Estrés térmico en arándano: calor y alta demanda evaporativa
Las altas temperaturas incrementan la transpiración y la demanda de agua. Cuando la planta no puede compensar esa pérdida, puede reducir la apertura estomática para conservar agua.
El coste fisiológico es una menor entrada de CO₂ y, por tanto, una reducción de la fotosíntesis. Si el calor persiste, también aumenta la respiración y el consumo de carbohidratos, mientras puede intensificarse la producción de especies reactivas de oxígeno.
La planta necesita entonces dedicar más recursos a sostener su equilibrio y dispone de menos energía para procesos como la floración, el cuajado o el crecimiento del fruto.
Déficit hídrico y estrés osmótico en arándano
Cuando disminuye la disponibilidad de agua, el arándano puede reducir rápidamente la transpiración y el crecimiento.
El estrés hídrico afecta la turgencia, limita la absorción y el transporte de nutrientes y puede reducir la expansión celular del fruto. Si se prolonga, sus efectos pueden trasladarse al calibre, la firmeza y la uniformidad.
Además, cuando el déficit hídrico coincide con salinidad o temperaturas elevadas, aumenta el componente osmótico del estrés y la capacidad de recuperación dependerá tanto de su intensidad como de su duración.
Exceso de lluvia, saturación e hipoxia
El exceso de agua también puede generar estrés.
Cuando el suelo o el sustrato permanecen saturados durante periodos prolongados, disminuye la disponibilidad de oxígeno para las raíces. Esto reduce su funcionalidad y puede limitar la absorción de agua y nutrientes, incluso cuando existe abundante agua disponible.
La humedad elevada y persistente también puede favorecer la proliferación y dispersión de determinados patógenos, aumentando la presión de enfermedades radiculares, foliares y del fruto.
Desequilibrio fisiológico y metabólico
Los distintos tipos de estrés no actúan siempre de manera aislada. Su combinación o sucesión puede alterar simultáneamente la fotosíntesis, la respiración, el transporte de fotoasimilados, la regulación hormonal y la respuesta antioxidante.
La planta destina entonces una mayor proporción de sus recursos a responder al estrés y dispone de menos energía para sostener crecimiento y producción.
Ese desajuste fisiológico es el punto de conexión entre la presión ambiental y la fragilidad productiva.
Cómo afecta el estrés al rendimiento y la calidad del arándano

En el manejo del arándano frente al Fenómeno de El Niño, el momento del ciclo en el que se produce el estrés resulta determinante, ya que una misma presión puede tener consecuencias distintas según la fase fenológica del cultivo.
Durante la floración y el cuajado, una menor actividad fotosintética, la reducción de reservas o las temperaturas desfavorables pueden afectar la viabilidad del polen, la fecundación y la uniformidad del cuajado. Además, la planta puede llegar a esta fase habiendo acumulado estrés durante las semanas anteriores, con una menor disponibilidad de carbohidratos y una capacidad metabólica ya limitada.
Posteriormente, durante el crecimiento del fruto, la disponibilidad de agua y carbohidratos condiciona la división y expansión celular. El estrés térmico o hídrico puede reducir el periodo efectivo de crecimiento y trasladarse a un menor calibre, pérdida de turgencia, menor firmeza o mayor desuniformidad, comprometiendo la calidad comercial y poscosecha del arándano.
El resultado final no debe valorarse únicamente en toneladas cosechadas. En arándano también importa qué porcentaje de la producción mantiene el calibre, la firmeza, la uniformidad y la condición necesarias para llegar al mercado en condiciones comerciales adecuadas.
El Niño reconfigura la campaña del arándano peruano

Perú, principal exportador mundial de arándanos frescos, afronta una campaña marcada por temperaturas superiores a lo normal. En algunas zonas y variedades, estas condiciones han acelerado el desarrollo del cultivo de arándano y adelantado la curva de producción. Sin embargo, este inicio temprano no implica necesariamente una campaña de mayor volumen: también se observan frutos de menor calibre y un tamaño promedio de baya ligeramente menor en determinadas variedades.
Las temperaturas elevadas alteran el equilibrio entre crecimiento vegetativo y reproductivo. Dependiendo de la variedad, el estado fisiológico y el momento del ciclo, pueden acelerar algunos procesos, pero también dificultar la inducción y diferenciación floral, desuniformizar la brotación y comprometer el cuajado y el llenado de los frutos. En este contexto, el manejo del arándano en Perú frente a El Niño adquiere especial relevancia.
Cuando la planta mantiene una actividad vegetativa excesiva o incrementa su respiración para responder al calor, dispone de menos recursos para sostener una producción regular y convertirla en fruta de calibre y condición exportable. El resultado puede ser una curva de producción más temprana y concentrada, con mayor acumulación de fruta al inicio de la campaña, pero con incertidumbre sobre la disponibilidad durante la segunda parte del ciclo. La magnitud definitiva dependerá de cómo evolucionen las temperaturas y de las lluvias asociadas a El Niño durante los próximos meses.
Las temperaturas elevadas durante el invierno también incrementan la humedad relativa en varios valles costeros, generando condiciones más favorables para la proliferación de enfermedades y plagas como oídio, Botrytis, trips y ácaros. En zonas como Olmos y Trujillo, el trabajo técnico en campo se ha intensificado.
Más superficie no garantiza más fruta exportable

Proarándanos proyecta alrededor de 404.000 toneladas para la campaña 2026-2027, un 5,6% más que en el ciclo anterior. Sin embargo, según las estimaciones citadas por el sector, la incorporación de unas 3.500 hectáreas productivas habría permitido acercarse a un crecimiento del 20% en condiciones climáticas más favorables.
La diferencia revela un cambio importante: la expansión de superficie está compensando, al menos parcialmente, una menor productividad por hectárea. En un sector que compite cada vez más por calibre, firmeza, condición y continuidad de suministro, el desafío ya no consiste únicamente en plantar más, sino en preservar el potencial productivo de cada hectárea. En este escenario, el manejo del arándano frente al Fenómeno de El Niño adquiere una dimensión no solo agronómica, sino también comercial: preservar calibre, firmeza y condición significa proteger la proporción de fruta con valor exportable.
Anticiparse a El Niño para reducir la fragilidad
El manejo del arándano frente al Fenómeno de El Niño requiere actuar antes, durante y después de los episodios de estrés, adaptando cada decisión al estado fisiológico de la planta y al tipo de presión ambiental.
Integrar monitorización, riego, nutrición, sanidad y bioestimulación en arándano permite intervenir sobre la capacidad de respuesta del cultivo y reducir el riesgo de que el desajuste fisiológico termine trasladándose al rendimiento y a la calidad comercial.
¿Cómo trasladar esta estrategia al manejo del cultivo?
Descarga nuestra guía para el manejo del arándano frente al Fenómeno de El Niño y conoce cómo actuar antes, durante y después del estrés, adaptando la estrategia al tipo de presión climática y al estado fisiológico de la planta.
Preguntas frecuentes sobre el manejo del arándano frente al Fenómeno de El Niño
¿Cómo afecta el Fenómeno de El Niño al cultivo de arándano?
El Fenómeno de El Niño puede alterar las temperaturas, las precipitaciones y la disponibilidad de agua durante la campaña. Estas condiciones afectan el balance hídrico, la actividad radicular, la fotosíntesis y la producción de carbohidratos. Dependiendo de la etapa fenológica, pueden aparecer alteraciones en la floración, el cuajado, el crecimiento del fruto, el calibre, la firmeza o la maduración. Su impacto varía según la variedad, la intensidad del fenómeno, el sistema productivo y las condiciones concretas de cada zona.
¿Cómo afectan las altas temperaturas al arándano?
Las altas temperaturas aumentan la transpiración y la respiración vegetal. Si la planta no consigue absorber suficiente agua para compensar esa demanda, puede cerrar parcialmente los estomas, reduciendo la fotosíntesis y la producción de carbohidratos. También puede aumentar el estrés oxidativo. Cuando estas condiciones se mantienen durante periodos prolongados, pueden afectar la floración, el cuajado, el crecimiento del fruto, el calibre, la firmeza y la capacidad de recuperación de la planta.
¿Cómo influye el estrés hídrico en el calibre y la calidad del arándano?
El estrés hídrico puede limitar la expansión celular y reducir la disponibilidad de agua necesaria para el crecimiento del fruto. También puede disminuir la actividad fotosintética y, con ella, la producción de carbohidratos destinados al llenado. Como consecuencia, pueden aparecer frutos de menor calibre, pérdida de turgencia, menor firmeza y una mayor desuniformidad. Mantener un balance hídrico adecuado durante las etapas de crecimiento y maduración resulta clave para preservar la calidad comercial del arándano.
¿Qué efecto puede tener El Niño sobre la floración y el cuajado del arándano?
Las altas temperaturas y otros factores de estrés asociados a El Niño pueden afectar la diferenciación floral, la uniformidad de la floración, la viabilidad del polen y los procesos de fecundación. Además, una planta que llega a esta etapa con una actividad fotosintética reducida o con reservas limitadas dispone de menos recursos para sostener la floración y el cuajado. Por ello, reducir la acumulación de estrés antes y durante estas fases resulta fundamental para favorecer un desarrollo reproductivo más equilibrado.
¿Cómo debe adaptarse el riego del arándano durante periodos de altas temperaturas?
Durante periodos de altas temperaturas, el riego debe adaptarse a la mayor demanda hídrica de la planta, ajustando la frecuencia y el volumen según las condiciones ambientales, el tipo de suelo o sustrato y el estado del cultivo. No se trata únicamente de aportar más agua: también es necesario controlar el drenaje, la oxigenación de la zona radicular y la uniformidad del sistema de riego. Tanto el déficit como la saturación pueden reducir la funcionalidad de las raíces y limitar la absorción de agua y nutrientes.
¿Cómo afecta el exceso de lluvias y humedad al cultivo de arándano?
Las lluvias intensas o el exceso de humedad pueden provocar saturación del suelo o del sustrato y reducir la disponibilidad de oxígeno para las raíces. Esto puede limitar la actividad radicular, alterar la absorción de nutrientes y favorecer desequilibrios fisiológicos. Además, una elevada humedad ambiental puede incrementar la presión de determinados patógenos. En estas condiciones, el manejo debe prestar especial atención al drenaje, la funcionalidad de las raíces, el equilibrio nutricional y la monitorización sanitaria del cultivo.
¿Qué papel tienen los bioestimulantes frente al estrés térmico y el estrés hídrico?
Los bioestimulantes pueden contribuir a preparar la planta antes de los episodios adversos, favorecer el equilibrio osmótico, apoyar la respuesta antioxidante y ayudar a mantener o recuperar determinados procesos fisiológicos. Su función depende de la composición del producto, del tipo de estrés y de la fase fenológica. Deben integrarse con el manejo del riego, la nutrición y el sistema radicular, ya que no sustituyen estas prácticas, sino que forman parte de una estrategia más amplia de adaptación al estrés abiótico.
¿Cuándo debe comenzar el manejo del arándano ante El Niño?
El manejo debería comenzar antes de que aparezcan síntomas visibles de estrés. La monitorización de las condiciones climáticas y de la respuesta fisiológica del cultivo permite identificar periodos de riesgo y adaptar con anticipación el riego, la nutrición y la bioestimulación. También es importante evitar que el estrés se acumule antes de fases especialmente sensibles, como la floración, el cuajado o el crecimiento del fruto. La estrategia debe revisarse durante toda la campaña según la evolución real del cultivo.



